Respiré de vuelta. Aproveché esa bocanada de aire como si fuese la última. Disfrute la caricia de sus dedos sobre mi pelo y el de su mano libre mientras exploraba el hueco de mi espalda. Se me ponía la piel de gallina.
- ¿Sabés que sos mía, y ningún hombre, Dios o fantasma te separará de mí jamás?.
- ¿Hum?- vaya, menudo momento para ponerse a hacer preguntas.
- Que sos mía, quieras o no - me susurró al pasar de mi cuello al oído derecho-. Mía y de nadie más.
- Quiero. Quiero... Quiero tantas cosas... Que ya... ya no se por donde comenzar... Creo que deberíamos parar - me estaba costando mantener la cordura y más cuando el se inclinaba interrumpiendo el beso, acariciándome con la nariz la suave piel de mi cuello, hallando mis puntos más sensibles.
Noté su lengua en la piel y el placer me hizo retorcerme y temblar sobre su regazo.
Él demoró a propósito en el hoyuelo de mi cuello, donde mi pulso latía frenéticamente.
"¿Cómo terminamos así?", se me había cruzado ese pensamiento por la cabeza y de pronto caí en la cuenta de que llevaba el vestido desarreglado y el corpiño se me había resbalado hasta apenas cubrirme los pezones. Recobré el sentido como si me hubiesen tirado un balde de agua fría - o al menos eso quería pensar yo-. Me tapé como pude los pechos prácticamente expuestos con el brazo izquierdo. Con el derecho me tapaba la frente como sino supiera que demonio hubiese tomado prestado mi cuerpo.
- Shh... No te preocupes.- No dio muestra de haberme oído. Comenzaba de nuevo a explorarme el cuello con los labios-. Dejate llevar...
Me mordisqueó y lamió el borde de la clavícula, abriéndose paso y avanzando sobre el valle que se formaba entre mis senos.
- Oh, por favor... debemos... - balbuceé.
- ... Continuar - concluyó él.
Reprimí una protesta más cuando noté que él tiraba del corpiño, abriéndolo ágilmente con una de sus fuertes manos. El momento estaba cargado de una dulzura, de un erotismo insoportable, y ni la vergüenza, ni el honor, ni mis fuertes replicas podían influir en esto que estábamos compartiendo.
Me dejé llevar y hasta suspiré cuando el pecho se liberó de la cubierta de encaje negro.
Los pezones se me erizaron con la suave brisa nocturna.
Él colocó tiernamente su mano sobre el montículo de mi pecho, ahuecandola. Pasaba el pulgar por la cima, cada vez más dura.
Mantuve mis ojos cerrados, sin saber muy bien si por placer, por verguenza o simplemente por no creer lo que estaba pasando. Tal vez se trataba de una mezcla de las tres razones.
Debió de adivinarlo, ya que noté el seguro y experimentado roce de su boca, besandome alrededor del sensible pezón, dando rodeos y tentándome, pero evitando el centro. Creí volverme loca.Gemí y me arqueé, casi invitándolo a que fuera más allá.
Rodeó con los labios, tirando, acariciando con la lengua la punta dolorida con una habilidad que yo creí exquisita.
Mientras me retorcía, le abracé la cabeza. Una corriente erótica me recorría todos los puntos sensibles del cuerpo. Respiraba entrecortadamente. Estaba hiperventilando. Notaba los pulmones aprisionados y tenia la sensación de que la ropa me agobiaba. Ansiaba notar la piel de él contra la mía. Quería su sabor, como nunca había querido nada en mi vida...
- ¿Sabés que sos mía, y ningún hombre, Dios o fantasma te separará de mí jamás?.
- ¿Hum?- vaya, menudo momento para ponerse a hacer preguntas.
- Que sos mía, quieras o no - me susurró al pasar de mi cuello al oído derecho-. Mía y de nadie más.
- Quiero. Quiero... Quiero tantas cosas... Que ya... ya no se por donde comenzar... Creo que deberíamos parar - me estaba costando mantener la cordura y más cuando el se inclinaba interrumpiendo el beso, acariciándome con la nariz la suave piel de mi cuello, hallando mis puntos más sensibles.
Noté su lengua en la piel y el placer me hizo retorcerme y temblar sobre su regazo.
Él demoró a propósito en el hoyuelo de mi cuello, donde mi pulso latía frenéticamente.
"¿Cómo terminamos así?", se me había cruzado ese pensamiento por la cabeza y de pronto caí en la cuenta de que llevaba el vestido desarreglado y el corpiño se me había resbalado hasta apenas cubrirme los pezones. Recobré el sentido como si me hubiesen tirado un balde de agua fría - o al menos eso quería pensar yo-. Me tapé como pude los pechos prácticamente expuestos con el brazo izquierdo. Con el derecho me tapaba la frente como sino supiera que demonio hubiese tomado prestado mi cuerpo.
- Shh... No te preocupes.- No dio muestra de haberme oído. Comenzaba de nuevo a explorarme el cuello con los labios-. Dejate llevar...
Me mordisqueó y lamió el borde de la clavícula, abriéndose paso y avanzando sobre el valle que se formaba entre mis senos.
- Oh, por favor... debemos... - balbuceé.
- ... Continuar - concluyó él.
Reprimí una protesta más cuando noté que él tiraba del corpiño, abriéndolo ágilmente con una de sus fuertes manos. El momento estaba cargado de una dulzura, de un erotismo insoportable, y ni la vergüenza, ni el honor, ni mis fuertes replicas podían influir en esto que estábamos compartiendo.
Me dejé llevar y hasta suspiré cuando el pecho se liberó de la cubierta de encaje negro.
Los pezones se me erizaron con la suave brisa nocturna.
Él colocó tiernamente su mano sobre el montículo de mi pecho, ahuecandola. Pasaba el pulgar por la cima, cada vez más dura.
Mantuve mis ojos cerrados, sin saber muy bien si por placer, por verguenza o simplemente por no creer lo que estaba pasando. Tal vez se trataba de una mezcla de las tres razones.
Debió de adivinarlo, ya que noté el seguro y experimentado roce de su boca, besandome alrededor del sensible pezón, dando rodeos y tentándome, pero evitando el centro. Creí volverme loca.Gemí y me arqueé, casi invitándolo a que fuera más allá.
Rodeó con los labios, tirando, acariciando con la lengua la punta dolorida con una habilidad que yo creí exquisita.
Mientras me retorcía, le abracé la cabeza. Una corriente erótica me recorría todos los puntos sensibles del cuerpo. Respiraba entrecortadamente. Estaba hiperventilando. Notaba los pulmones aprisionados y tenia la sensación de que la ropa me agobiaba. Ansiaba notar la piel de él contra la mía. Quería su sabor, como nunca había querido nada en mi vida...


4 comentarios:
eso lo escribiste vos? porque si es así tengo que decirte que sos una genio!
n.n
Eso lo escribí yo, si señor
(cuatro meses después escribía)
Al comienzo...Aprobeché.
(Ponelo con v corta, queda mejor, y se escribe así) :B
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